Justificación de la métrica:
El Reconocimiento de Normas Sociales es la capacidad de una IA o robot humanoides de discernir y respetar las reglas compartidas, a menudo no dichas, que gobiernan el comportamiento aceptable e interacciones dentro de un grupo o sociedad. En la vida humana, estas normas regulan desde la etiqueta en las colas y los modales en la mesa hasta el turno de conversación. Si bien no siempre están codificadas como leyes formales, dan forma a cómo las personas se comportan y juzgan las acciones de los demás. Una IA que no observe las normas sociales, como cortar en una cola o interrumpir a las personas, arriesga causar incomodidad, conflicto o desconfianza.
Para detectar las normas sociales, el sistema debe captar señales contextuales, culturales y situacionales. Por ejemplo, podría necesitar percibir que en ciertas regiones, mantener el espacio personal es vital, mientras que en otras, la proximidad cercana es normal. Asimismo, una IA debe interpretar señales sutiles en la conversación que indiquen que no debe interrumpir o que un tema en particular está prohibido. Las fuentes de datos para estas señales pueden incluir declaraciones de los usuarios, contexto ambiental (como el silencio de una biblioteca) o conocimiento previo sobre los estándares locales. Además, las normas sociales varían ampliamente: un gesto aceptable en una cultura podría ser considerado descortés en otra. Por lo tanto, una IA debe adaptarse a las convenciones de cada entorno, posiblemente utilizando retroalimentación del usuario o ajustes de parámetros para calibrar.
Surgen desafíos cuando las normas entran en conflicto: dos participantes de diferentes orígenes pueden tener expectativas incompatibles. La IA debe decidir cuál norma seguir o si debe mediar. Otro problema es equilibrar la generalización excesiva: no todos en la misma cultura practican las mismas normas. Por ejemplo, algunas personas prefieren una comunicación más directa incluso si las normas locales favorecen la indirectez. Una IA debe aprender y ajustar en tiempo real a medida que interactúa con los individuos, distinguiendo los estándares sociales generales de las preferencias personales.
Evaluar qué tan bien una IA reconoce y obedece las normas sociales puede implicar observar si detecta violaciones (como alguien que salta la cola), las corrige o al menos no las replica. Los investigadores también observan cómo se comporta el sistema en situaciones ambiguas: si una IA es presentada en una mesa de cena, ¿habla a un volumen apropiado y espera pausas en la conversación antes de intervenir? ¿Detecta los rituales locales de saludo o se quita los zapatos en un hogar donde se espera? Un cumplimiento demasiado rígido también puede ser problemático: algunos contextos cómicos o emergentes violan deliberadamente las normas. Una IA robusta detecta cuándo ciertas reglas se suspenden de manera juguetona.
Al dominar el reconocimiento de normas sociales, una IA se convierte en un mejor colaborador social: educado, consciente del contexto y menos propenso a ofender involuntariamente. Esto facilita una integración más fluida en escenarios diarios, desde robots de servicio que asisten en cafeterías ocupadas hasta asistentes digitales que median chats grupales. Con el tiempo, el modelo interno de la IA puede expandirse, cubriendo normas matizadas para diferentes culturas, grupos de edad o subculturas. Al hacerlo, el sistema no solo cumple con las expectativas de los usuarios, sino que también enriquece su capacidad para manejar complejidades en las interacciones sociales, cerrando la brecha entre la asistencia funcional pura y la participación social integrada sin problemas.